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Par de articulos para intolerantes!

From: Gustavo Fraga Errecart <gusfraga@ameritech.net>
Date: 11 Jan 1999 15:36:36 -0500
Message-ID: <esp.19990111153636@FM-Forum-Archives>
In-Reply-To: Contra la pared - by Gustavo Fraga Errecart,  10 Jan 1999 11:05:44 -0500


Message:
Lunes 11 de enero de 1999
LAS RELACIONES CON GRAN BRETAÑA: LA POLITICA DE SEDUCCION DEL CANCILLER, SEGUN LOS MALVINENSES
Guido Di Tella, un argentino famoso
entre los kelpers

Habituados a sus regalos y a sus llamadas, hay quienes dicen que la gente, en las islas, "piensa constantemente"
en él

NATASHA NIEBIESKIKWIAT. Enviada especial a las Malvinas


Lucas Biggs nació en las islas Malvinas. Con apenas 8
años de edad, el niño posee entre los destacados de su
pequeña biblioteca las aventuras del osito "Winnie de
Pooh" que el canciller Guido Di Tella les envió a los
kelpers como regalo en la última Navidad.

Con su "política de seducción", Di Tella se ha convertido
en una institución entre los isleños que, al tiempo de
sentirse "amenazados" por el reclamo de la Argentina
sobre la soberanía del archipiélago, parecen ya
acostumbrados a los periódicos regalos y habituales
llamados del ministro.

Los regalos que, en su incansable e incierto afán manda
Di Tella a las Malvinas para conquistar el corazón kelper
suelen tener los destinos más diversos.

Desde principios de esta década las familias
malvinenses recibieron tarjetas de Navidad, los
archiconocidos videos del personaje infantil "Pingu", fotos de la familia Di Tella y el libro El
principito, de Antoine de Saint-Exupéry, entre otros regalos.

Según contaron a Clarín los isleños, algunos de estos objetos fueron a parar a la basura o
nunca fueron retirados del correo local, adonde llegan con estampilla de Londres.

Varios videos de Pingu incluso llegaron a las manos de niños bosnios durante la guerra de los
Balcanes. Otros kelpers, en cambio, decidieron preservar los regalos provenientes del
continente.

Fran Biggs, la mamá de Lucas, contó a Clarín que guarda algunos libros enviados por Di Tella
como el Winnie de Pooh y otro, con fotos de la Patagonia argentina.

Temerosa, pero por sobre todo atenta, Fran le indicó ayer a este diario que para tener voces
que opinen sobre política hay que remitirse fundamentalmente a los periodistas locales o a los
consejeros de las islas.

"En realidad, yo los veo muy inofensivos (a los regalos del canciller) pero no creo que puedan
cambiar nada. Pienso que mejor sería que ese dinero se invirtiera en los niños pobres que
tienen en la Argentina", se limitó a comentar.

La consejera del gobierno local, Sharon Halford, otra de las habituales destinatarias de los
presentes de la Cancillería argentina, tuvo en diciembre, por su parte, un gesto bastante
inusual. Pese a que los isleños se niegan desde 1982 al contacto con la Argentina, decidió
enviarle a Di Tella el primer regalo salido del oficialismo kelper desde que concluyó la guerra en
1982: Halford le envió el libro Nombres de los lugares de las Falkands Islands, escrito por el
inglés Richard Munroe, "harta" -según afirmó- de que los argentinos castellanicen los nombres
de las ciudades de las Malvinas.

"¿Por qué no?", dijo Halford ayer al preguntársele por qué respondió con un regalo a Di Tella.
Pese a todo ello, la consejera malvinense opina que el canciller argentino es un caballero,
cálido, pese a que no coincide con su política.

-¿Y cómo toma usted los objetos que el argentino le envía? -le preguntó Clarín.

-Como los coleccionables de un excéntrico -respondió la consejera.

Di Tella -reconoció Halford- la llama "a veces" por teléfono. La última -confesó- fue en Navidad,
para desearle felices fiestas. Luego de eso, no quiso abundar mucho en detalles sobre sus
contactos telefónicos con el canciller: "Son llamadas de carácter privado".

Pero el de Halford no es el único llamado que hace el ministro a los isleños, quienes conjeturan
que él extrae los nombres, direcciones y teléfonos de la guía telefónica o del padrón electoral
de las islas.

"No sé qué pasa; no debo figurar en las listas", señaló a Clarín el jefe del directorio de Turismo
de las islas, John Fowler, quien en el último tiempo no ha recibido regalos ni los llamados que
solía recibir del canciller argentino.

Fowler incluso llegó a cartearse con Di Tella, en tiempos en que era editor jefe del periódico
Penguin News.

"Una vez me envió una felicitación por un editorial que escribí sobre él, describiéndolo como
alguien muy inteligente, a quien me gustaría conocer, pese a estar en lados opuestos", dijo
Fowler.

Fowler considera como una de las mayores virtudes de la política Di Tella su logro de que "la
gente piense constantemente en él".

No sin una dosis de autocrítica, Fowler describió parte de las relaciones de las islas con la
Argentina con la analogía del fútbol. "El siempre ataca y nosotros nos defendemos y siempre es
el protagonista. Nosotros nunca hacemos las cosas primeros sino que reaccionamos a sus
movimientos. Es astuto y simpático".

Y las palabras de Fowler se funden en otros hechos. El periódico local, que aparece los viernes,
suele reaccionar ante los titulares sobre las islas que aparecen en la prensa argentina.

En ese tren, por ejemplo, el último editorial de Penguin News se quejó ante el Consejo de las
islas de que los isleños se enteraran por el diario Clarín de que se había autorizado a los
familiares de los argentinos muertos en la guerra de 1982 la construcción de un monumento en
el cementerio de Darwin.

Menem se reúne con Clinton para hablar
de un acuerdo por Malvinas

Será al comienzo de una visita de dos días · La Argentina impulsa el apoyo de la Casa Blanca a un trato con
Inglaterra · A Washington, en cambio, le interesan las patentes y la venta de armas

Por MARIA LUISA MAC KAY. Enviada especial en Washington

BBC: Informe desde
Buenos Aires.

Con la casa revuelta

Advertencia de EE UU
por el tráfico ilegal de
armas

Una década de
alineamiento

El presidente Carlos Menem llega hoy a Washington
para hacer su segunda visita de Estado a esta capital, la
séptima en lo que va de su mandato y quizá la última
como mandatario.

Los argentinos traen en la valija la esperanza de
conseguir un apoyo en su estrategia de acercamiento
con los británicos por la cuestión Malvinas y la de recibir
todo el rédito político posible por su gestión. El
presidente Bill Clinton, que enfrenta por estos días un
juicio político, dijo que alentará un acuerdo entre la
Argentina y Gran Bretaña para solucionar el diferendo,
en un reportaje que publicó ayer Clarín.

Los norteamericanos seguramente plantearán cuestiones
más específicas, como sus reclamos por una mejor
protección de sus patentes o el impulso de acuerdos
hemisféricos para el control de la compra y venta de armas, que le faciliten un monitoreo del
balance de armamentos en la región. En ese sentido, James Dobbins, un hombre clave del
Consejo de Seguridad norteamericano, le dijo a Clarín que Washington está preocupado por la
venta ilegal de armas en la región y que por eso impulsa en la OEA un mecanismo de
transparencia .

Menem llegará poco después de las seis de la mañana a la Base Andrews de la fuerza aérea
norteamericana, con una comitiva de más de 30 funcionarios.

A partir de entonces lo espera la jornada más intensa y relevante de su estadía de dos días en
la capital norteamericana. Cada minuto será aprovechado por los funcionarios y diplomáticos
argentinos para impulsar iniciativas políticas de peso con la sensación de que éste puede ser un
último acto, al que desean garantizarle que tenga un "gran final".

Menem arribará a las 9.30 a la Casa Blanca, con la sorpresiva ausencia de su hija Zulemita,
para ser recibidos por Bill Clinton y su esposa Hillary en el Jardín Sur. Será una de las raras
oportunidades en que se vea al matrimonio en público. Pocos actos protocolares les imponen la
dura situación de mostrarse lado a lado desde que Clinton debió admitir públicamente que no
había dicho todo sobre sus escarceos con Monica Lewinsky.

Una vez dentro, en el Salón Azul se saludarán las comitivas de ambos países. Hillary no podrá
-como establecía el protocolo- conducir a Zulemita al Yellow Oval Room para un café de
mujeres.

Tras los saludos comenzará la reunión central de esta visita. Clinton y Menem, otra vez juntos
en el Salón Oval, conversarán en privado con pocos colaboradores.

Unos 40 minutos después podrán sumarse al encuentro en el Cabinet Room -es decir, el de las
reuniones de gabinete- una decena de funcionarios para una versión más general y menos
reservada de la agenda bilateral.

Tras una breve escala de descanso en Blair House, la residencia oficial donde se aloja frente a
la Casa Blanca, Menem deberá trasladarse hasta el edificio del Departamento de Estado para
almorzar con el vicepresidente Al Gore y su esposa.

Habrá que ver cómo resulta la química del encuentro. El vicepresidente norteamericano suele
posar su atención en temas más técnicos que políticos, tales como la informatización de la
administración pública. Y también se apasiona con cuestiones como el futuro de Internet o las
negociaciones internacionales para controlar el cambio climático. No le ha ido mal a Gore con
esos temas, para preservarse y quedar a salvo del vendaval del juicio político a Clinton, y
confiar en que aún puede sucederlo.

Para Menem será la ocasión de hablar con el potencial candidato demócrata. Pero como su
corazón no olvida a los republicanos, ya se confirmó que antes de regresar a Buenos Aires se
encontrará con el potencial contrincante de Gore: George Bush Jr, actual gobernador de Texas.

Para balancear su perfil tecnológico, Gore motoriza en estos días una Conferencia Internacional
para Combatir la Corrupción y Salvaguardar la Integridad Entre Funcionarios de la Justicia y la
Seguridad. Es probable que hoy formalice la invitación para que el Gobierno argentino se sume
a la cumbre de kilométrico título, pero objetivo único: combatir la corrupción oficial.

Concluido este almuerzo, habrá reuniones bilaterales entre cada ministro y su respectivo par
norteamericano.

Habrá sí un vacío, que es la conferencia de prensa conjunta que Clinton y Menem planeaban
ofrecer en el Departamento de Estado y que las condiciones políticas de la administración
demócrata obligaron a suspender. Ayer se especulaba con la posibilidad de reemplazarla con
una declaración conjunta, aunque tampoco parecía fácil diseñar algo que no fuera un calco de
la conclusión de la visita.

Menem retornará a la Blair House para una serie de encuentros con la prensa y, al atardecer, ya
deberá emperifollarse para concurrir a la cena de gala de la Casa Blanca, el evento social de
esta visita.

La comida servida en el State Dining Room ya creó tantas idas y vueltas de protocolo y, en
particular, tales enredos para definir la lista de invitados, que los norteamericanos habrían
decidido cortar por lo sano: establecieron el cupo de 14 invitados por el lado argentino que
deben repartirse entre 35 miembros de la comitiva.

Los que se queden afuera entrarán más tarde, a la hora de la música y el baile.

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