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1978 - Agresión Argentina a Chile: El papel de USA

From: Cristian C. E. Hendrickse <hendrickse@yahoo.com>
Date: 09 Jan 1999 01:51:45 -0500
Message-ID: <esp.19990109015145@FM-Forum-Archives>


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Estimados Miembros del Foro:

Con el ánimo de que ambos pueblos conozcamos la verdad de nuestras historias como requisito para una reconciliación definitiva, reproduzco más abajo la nota de Clarín sobre el tema y que obtuviera gracias al dato ofrecido por el Sr. Doreen Garbino.-

"Clarín, Domingo 20 de diciembre de 1998
Suplemento Zona

UN PLAN SECRETO PARA LA GUERRA

MARINA AIZENkCorresponsal en Nueva York
El papel de la Embajada


Raúl Castro fue el hombre que eligió el presidente James Carter para dirigir la Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires desde el 10 de noviembre del aciago 1977 hasta el 30 de julio de 1980. Le tocó un papel destacado, junto al nuncio Pio Laghi, en las gestiones para desactivar la planeada guerra con Chile, en 1978. Este es su testimonio: -¿Cómo ayudó a evitar la guerra? -La política nuestra fue ser neutrales, desde luego. Pero en esa época, yo visitaba Ushuaia con frecuencia, porque me encantaba. Por esas visitas, la inteligencia chilena suponía que yo apoyaba la política argentina. Estaban equivocados. Claro que nosotros intentamos desactivarla. Hice reuniones con todos los militares argentinos que tenían puestos clave. Hablé con cada comandante, traté de usar el servicio de comunicaciones de la Embajada para comunicarme con el Papa y pedir su intervención. En el ínterin, el representante del Vaticano, Pío Laghi y yo nos juntamos, enviamos telegramas y cablegramas, nos comunicamos con Roma, para tratar de que el Papa suavizara las posiciones. Y al fin se logró.

-¿Qué conversó con Pio Laghi? -El y yo estábamos de acuerdo en que no podríamos avalar ninguna razón que sirviera a una guerra entre países vecinos, donde habría muertes. Y él fue muy eficiente al lograr que el Papa mediara.

-¿De quién fue la iniciativa de que el Papa mediara? -La Argentina es un país católico. En la semana del 20 de diciembre, cuando el conflicto estaba por reventar, hubo una conferencia de obispos en Buenos Aires. Hablé allí para demostrar que nuestra posición era actuar activamente contra la guerra y que debíamos hacerlo juntos. Así convencimos al gobierno argentino de que suavizara los temperamentos. Y también para que, por intermedio de la Iglesia, se comunicaran con el gobierno chileno.

-O sea que usted jugó un papel fundamental. -Ya lo creo. Cuando llegué del Sur me avisaron que habría una especie de desembarco. Me comuniqué con la Armada Argentina y me dijeron que en 24 horas, ya para la madrugada del 20 de diciembre, iba a estallar la guerra.

-¿Cuál era su impresión sobre la posición de los comandantes argentinos? ¿Quiénes eran los más belicistas? -Ellos suponían que iban a invadir Chile, Santiago, especialmente. Les parecía algo muy fácil; una cuestión de cruzar la frontera y que los chilenos se iban a dar por vencidos. Y yo les decía: "No, no, se equivocan. Ellos tienen una armada mejor que la de ustedes. Están bien armados, son muy fuertes; hay que proceder con cautela". Al fin, me aceptaron un plazo de cinco días. Cinco días fueron suficientes para que se arreglara el asunto.

-¿A quién le pidió los cinco días? -A Videla no. Los que estaban moviendo las cosas eran los comandantes de las diferentes divisiones que había. Uno en Bahía Blanca, otro en Rosario.

-Entonces fue casi un milagro. -Sí, un milagro de último momento. Pero Pio Laghi no tenía el servicio de información ni de comunicación adecuado. Y por primera vez en la historia, desde la Embajada norteamericana tomamos la responsabilidad de mandar los cables a Roma. En esa forma se pudo actuar rápidamente.

-¿Los servicios de inteligencia norteamericanos jugaron algún papel? -Claro. Los servicios de inteligencia tienen que estar pendientes de lo que va a pasar. Pero el servicio de inteligencia sabía que debía evitarse esa confrontación entre Chile y la Argentina, que no había motivos; no era razonable. Era un absurdo.

-¿Y por qué entonces los militares argentinos querían ir al conflicto con Chile? -Pensaban que Chile era un país débil, que tenía cierta debilidad militar y que podía con mucha facilidad invadirlo y tomar la posición de Chile.

-Y cuando usted los contrariaba, ¿qué le respondían? -No lo creían. Ellos pensaban que se iban a subir en un caballo blanco y llegaban y eran como Simón Bolívar.

-Una locura. -Sí.

-¿Y la misma presión que ejercieron ustedes en Buenos Aires la ejercieron en Santiago? -No. Yo sentía que en los chilenos había un ambiente más calmado. No había esa decisión de inmediatamente cruzar la frontera. No notaba eso en el ejército chileno.

-¿Cuál recuerda que era la posición de Videla entonces? -Francamente, no creo que Videla tuviera una actitud firme en ese asunto. Los que estaban en esto eran los comandantes militares de ciertas zonas: la zona número uno, donde estaba (Guillermo) Suárez Mason; en Rosario estaba Galtieri y en Córdoba, Menéndez.

-¿Y se reunió con cada uno de ellos? -Sí. Primero lo vi a Suárez Mason en Buenos Aires y luego tomé el avión de la Embajada y el mismo día viajé a Córdoba para verlo a Menéndez, que era el más duro de todos. El estaba convencido que iban a derrotar a los chilenos. Yo le decía: "No se apresure mucho porque francamente éste es un asunto muy serio; después se pueden arrepentir". El fue el que me concedió un plazo de cinco días para avanzar en la negociación de un acuerdo.

-Entonces fue Menéndez y no Suárez Mason. -Suárez Mason me dijo: "Mire, embajador yo estoy de acuerdo en hacer lo que pueda, pero yo le sugiero a usted que vaya a hablar con el general Menéndez, que es el que en este momento está más entusiasmado con la guerra". Me tomé el avión de la Embajada y fui a Córdoba.

-¿Qué conclusión saca 20 años después. -Que gracias a Dios no hubo guerra.


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